En el marco de la celebración de Semana Santa, los educadores del Instituto Inmaculada Concepción participaron en un significativo espacio de reflexión, oración y encuentro, inspirado en la experiencia de la Cena del Señor.
La jornada fue una invitación a detener el ritmo cotidiano para volver a mirar la vida compartida, reconociendo que educar no consiste solo en enseñar, sino también en acompañar, cuidar, escuchar y sostener la vida de los demás.
A la luz del gesto de Jesús que se sienta a la mesa con los suyos, comparte el pan y se pone al servicio de su comunidad, los participantes fueron invitados a preguntarse qué tipo de convivencia están llamados a construir en la vida diaria del colegio.
El diálogo compartido permitió valorar lo bueno que, como comunidad, ya se ha ido construyendo, pero también renovar el deseo de seguir fortaleciendo una convivencia más fraterna, cercana y evangélica.
La reflexión ayudó a reconocer en Jesús un modelo de fraternidad y servicio, capaz de inspirar una comunidad educativa donde cada persona pueda sentirse acogida, valorada, respetada y llamada también a cuidar de los demás.
Uno de los momentos más significativos de la jornada fue el gesto de compartir pan y uvas, como signo sencillo pero profundamente elocuente de comunión, encuentro y pertenencia.
La experiencia concluyó con un abrazo de paz, recordando que toda comunidad se construye y transforma en lo cotidiano, cuando cada persona decide vivir con más respeto, escucha y amor.
“La comunidad que soñamos se construye cada día, cuando aprendemos a mirarnos y tratarnos al estilo de Jesús.”

